lunes, 4 de enero de 2016

Invisibles grilletes.

Porque ya no me siento tan libre cuando escribo. Por los lastres, las cadenas.
Porque se espera más de mi de la cuenta. Por mis fallos, mis errores, que no cesan.
Porque serás juzgada mientras vivas, cuando mueras, cuando te debatas entre lo uno y lo otro, cuando ames, cuando odies, cuando sientas u olvides por un rato cómo hacerlo.
Que es de débiles ser derrotista, que les repugna cualquier atisbo de optimismo, que no me importa lo que piensen de mi y, sin embargo, será por algo si a menudo no tengo una pizca de autoestima.
Porque me suenan ridículos mis artificios lingüísticos cuando saco mi vena romántica, porque si me expreso de un modo simple me siento mediocre. Sé que parezco estúpida cuando hablo demasiado y que resulto odiosa si me callo.
Dime cómo apartar el humo, que estoy cansada de atravesarlo para no encontrar más que abismos al otro lado.
Dime como confiar, no cómo aparentarlo.
Enseñadme a sentir menos, y a exteriorizarlo más, que tengo déficit de sinceridad conmigo misma.

jueves, 31 de diciembre de 2015

No sé.

Tú leyendo a Murakami entre cafés,
yo recitando a Mayakowski bañada en el humo de mi cigarro.
Y me odio. Y me siento tan sucia, pero tan real.
Reconozco mi pánico a reconocerme. No sé quién soy. Quién era. Quién quiero o debería ser. Y qué motivo pesa más. Pesa más que mi propia ausencia en este mundo de locos.
Me atraganto en recuerdos mezclados con algún licor. Ya no sé. Ya no sé si quiero saber.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Más madrugadas de invierno.

Huelo a humo y a fracaso, la vida se me pone cuesta arriba. Bebo demasiado, hablo más de lo que debería.
Mi tinta es la sangre de las heridas de ayer, que ojala cicatricen mañana tus labios. Me guardo rencor, no sé cómo lidiar en todos estos espacios.
Tan vacía que con poco me has llenado, qué debo hacer, sentirte cerca, hablar como antaño.
Quiero tus ojos, tus manos sobre mi piel, algún beso, dejar de cometer errores temiendo perder.
Devuélveme a la vida que yo misma me he quitado.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Madrugadas de invierno.

Vivo, estoy más despierta de noche que de día. Bebo más de la cuenta, respiro menos de lo que debería.
Pienso en conceptos, sueño en concreto, hablo en abstracto y te miro en silencio. Diciéndolo todo.
Me doy cuenta de que, si perdiese, te perdería. Y huyo a mi escondite del recuerdo. Y hablo más de lo que debo.
Huelo a humo y no me reconozco. Espero mi turno, me atrevo, suspiro, te rozo.
Me abrazas, te aparto, me alcanzas, avanzo.
Y, aún así, quiero que sepas que estoy aquí. Solo por ti. Por tu presencia. Por tu encanto.
Aunque no sacrificaría un beso en tu ausencia, pero te cedería mis labios. Y la llave a mi mundo, lo más importante.
Te espero. Desespero. Doy otro trago. Empaño tus cristales, recojo mis memorias de madrugada. Que comience un nuevo show.
Tengo armas. Tengo alarmas. Tengo el tiempo entre los dientes para verte, para sorprenderte.
¿Vivo? Sobrevivo. O muero. Me mato. Me agobio. Ardo entre las llamas de mi propio odio. Y me consumo en el fuego de las seis de la madrugada, brindando por algún absurdo comienzo que merecerá la pena concluir.

sábado, 12 de diciembre de 2015

I thought I was living

Dejé de confiar en las personas y decidí arriesgarme a besarte a ti.
Aunque no me depares nada nuevo. Aunque no me depares nada.
Nunca creí en las promesas, en órdenes establecidos. Jamás albergué esperanza alguna de que sucediera lo que el sistema determina que debe ocurrir. Y tampoco creo ya en el futuro. Incierto. Irreal. Gris y oculto tras una espesa niebla suicida, como el humo de tu cigarro, el sabor de tus besos, el tacto de las yemas de tus dedos rebosantes de deseo, desprovistas de verdadero amor.
Somos dos cuerpos vacíos tratando de satisfacerse, sin lograr llenar ese profundo abismo que se encuentra en mi interior.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Autodestrucción 3.

Otoño me abraza, me asfixia, me arranca la piel a mordiscos. Y, tratando de huir, hallo las cadenas que me atan a su ser. Apresada en esta sala con mil demonios que torturan mi cuerpo, me consumo, dejaré como alimento para las gaviotas mi corazón putrefacto, herido por mil alambres de espinas, por palabras engañosas y promesas encarecidas. Me debatiré inutilmente entre mis fantasmas hasta que cobren vida. Y la vida se torne muerte. Y la muerte escoja el momento oportuno para brindarnos su presencia.

lunes, 2 de noviembre de 2015

La desidia de las noches frías en las que me falta tu alcohol y me sobran las ganas, la acción, la pasión para esconderme entre unas sábanas. No es mi misión, si no cuestión de adicción y el regusto salado de algunas lágrimas. En calma busco tu mirada, tu caminar, te confundo y encuentro en alguna sonrisa extraña, desconocida, y vuelvo a estar perdida como Wally, presa como Willy, en tu encanto, en tu recuerdo, en el amargo sabor de unas palabras que se consumieron, unas promesas que se esfumaron, este lamento in crescendo. Que sigo viva aunque me hayas matado, aunque no lo creas, aunque temas tomar conciencia de la pérdida, del fracaso, de los duros golpes de la realidad, que te escupe en la cara sin piedad, sin antifaz. Y hoy voy a contar hasta diez, dejando a tu libre elección cómo aprovechar estos instantes, si con un beso, una disculpa, un nuevo intento o el proyecto de otro largo silencio.