jueves, 20 de diciembre de 2018

Quien soy.

He nacido para viajar por otros mundos, para entonar otras canciones, para esconderme del silencio a viva voz.
He hecho tantas veces de mi sensibilidad un arma que a veces hiere, a veces pesa, y otras tantas se dispara sin control.
No me hables de bailes, de cuentos, si ambos sabemos que ya ha terminado la función.
Que ya he librado mil batallas en tu ausencia, he crecido más de lo que imaginarías, he abrazado y ahuyentado el dolor.
Recuperé la conciencia de para qué vivo, el recuerdo de todo cuanto he conocido, incluso el aroma a derrota y pasión.
Recordé cada palabra que he callado a veces por miedo al error. Y no me arrepiento de perderme entre la noche por negarme a suponer para nadie tan solo una opción.
Quien me piense que me escriba, quien me tema que baje las barreras, quien me espere abra las fronteras y si alguien me tuviese bese mi piel.
Algún día quiero entregar todo lo que no me dieron, que nadie pase mi sed.
Que no he trepado hasta aquí para nada, para cruzarme de brazos y conformarme con esa simple resolución. No he tentado a la suerte ante tantas encrucijadas para ahora dar por perdida cualquier ambición. No he nacido para enmendar errores, para lamer las cicatrices que alguien me dejó.
Estoy aquí para acariciar las nubes, para quebrar los cristales rasgándome la voz.

Y si esperas que me frene, si lamentas que salte, déjame decirte que realmente no tienes ni idea de quién soy.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Me dejé las llaves en algún cajón ajeno, y ya no sé cómo forzar las cerraduras que me abren las puertas a mi propio ser. Todos mis esfuerzos se ahogan en las aguas de mi mirada, se disuelven cada mañana en el café. Mis opciones se agotan, hundiéndose hacia lo más profundo de la piel, quebrando, entrando en crisis sin generación que escriba bien. Son solo unas palabras, nada que me reconforte esta vez. Sé que ni cien primaveras traen consigo brisas suficientes para arrastrar las hojas que me arrancó este otoño, dejándome desnuda y vulnerable en este ring, pero aún en pie. 

lunes, 3 de diciembre de 2018

He buscado entre tanta gente tu mirada una y mil noches soñando con traerte de vuelta aquí. He organizado mil viajes de regreso al lugar donde nos encontrábamos cada tarde, como siempre, pero sabemos cómo continúa la canción, y es que jamás regresas aunque la esperanza diga “quieta, hoy quizás sī”. He recorrido tantas historias en mi cabeza que terminan con nuestras manos entrelazadas que en ocasiones incluso me cuesta discernir. Y recordar que por mucho que me estire y alargue los dedos jamás en la vida voy, tan si quiera, a lograr acariciarte, de nuevo, a ti.

domingo, 2 de diciembre de 2018

No sabes.

Tú no sabes que me he acostado cada noche echando en falta tu calor,
Que me he embriagado tratando de ahuyentar tu recuerdo con algún que otro licor.
Y si el futuro es incierto dímelo, pues el pasado me ha callado en cada intento de recuperar tu voz.
Y si el destino es solo sombra, hielo o incluso ficción, he expulsado todos mis demonios solo por hacerte hueco en este rincón.
Tú no sabes que he compartido mil silencios por las calles con el triste sonido de ese acordeón,
Que me he encerrado entre los escombros de tanta espera al sí o al no.
Y si encontrase la manera de atarte a mí, te dejaría volar libre porque jamás escogerías instalar tu nido aquí.
Y si algún día te desviases de tu camino para verme así, trataría de no mencionar ni un solo instante todo lo que hice a un lado para permanecer junto a ti.
Y es que tú no sabes que escondi todos mis otoños para regalarte una primavera,


Tú no sabes todo el esfuerzo que ello conlleva, no sabes que a pesar de tanto añoro, a pesar de que de no quererte querer te termine queriendo, a pesar de tantos aciertos y errores, una y mil veces, renunciaría a ti si eso hiciera que para ti vivir mereciera la pena.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Tan sólo.

Tan sólo hubiera querido saber
si fue todo un juego, si me escogiste perder.
Tan sólo hubiera deseado entender
por qué me dejaste perdida, en un laberinto sin salida, entre la oscura neblina y alzando la mirada hacia un cielo gris.
Tan sólo hubiera pedido ver
por un último instante tu rostro en la penumbra, tus labios susurrando te quiero por última vez.
Si no te hubieras vestido y cerrado la puerta, si hubieses echado un último instante la vista atrás, sabrías que te esperé cada noche con una bufanda en la entrada por si cuando el invierno llegase y te calase los huesos decidieras regresar.
Y sé que no es bueno, que no me debería arrastrar. Sé que me perdí a mí misma por reclamar tu compañía, por fingir que era bien como me sentía y, de este modo, nunca más hacerte llorar.
Sé que siempre fui una estúpida que tan solo escribe, que siempre calla, que siempre guarda en silencio toda mi verdad en el pecho, que nunca extiende las cartas sobre la mesa porque ni tan si quiera tiene la ambición de ganar.
Sé que me herí a mi misma tantas veces por anteponer tu bienestar al mío, nuestro futuro al que había escogido, y que no fuiste tú, si no mi propia decisión.
Sé que no puedo continuar este camino, sé que debo frenar el coche y abrir la puerta, sé que debo encogerme y esperar en la cuneta, sé que es peligroso el arcén.
Sé que no debo aferrarme a recuerdos del pasado, que debo abrazar el presente, besar al futuro, despedirme del ayer. Pero te sorprendería saber cuántas noches te he pensado, cuántas madrugadas te he imaginado despertando bajo mis sábanas por última vez.
Sé que sólo soy el punto y aparte de mis epílogos, el relato de una historia en alguna barra de un bar. Sé que no he sido para nadie lo que espera, cuando me mira a los ojos, encontrar.

Sé que he huido de tantas primaveras que no es extraño que el propio otoño me logre, tantas veces, alcanzar.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Es a ti.

Nunca sabrás cuánto te quiero, cuánto necesito de ti,
todo lo que te escribiría si me dijeses que sí.
Cuánto he llegado a temblar cada vez que tu piel roza la mía, cuánto he llegado a sentir cuando me doy cuenta de que ya se nos escapa la luz del día.
Quisiera ser honesta con todo cuanto mi corazón ha callado. Y es que acallando a mis sentidos lamento admitir que nunca nadie me ha ganado. 
Tú que sólo traes luz cada vez que el mundo se tiñe de gris y a mi mente la invaden las tinieblas. Tú que has sido siempre quien extendió su mano para mí cuando mis fantasmas acechaban. Y yo que no pude cumplir. Y yo que entregué todo cuanto tenía a cualquiera antes que a ti.


Hoy he reparado en que no importa si comprendes mis palabras o no, si me las apaño con mi camino a la cordura o si decido huir. Porque vas a estar esperando, sea como sea, pase lo que pase, justo ahí. Y no me importa tanto tenerte como saber, simplemente, que existes junto a mí.

Como cada año, ha sido Octubre (quien acabó conmigo.)

Ojala Octubre me hubiese matado cuando tuvo mi vida entre sus dedos y decidió dejarme aquí plantada más muerta que viva pero más despierta que dormida.