sábado, 25 de noviembre de 2017
Regreso a casa.
No dejé de escribir ni un instante. Releo y reviso. Me encierro, me hiero, me piso, quemo todo y vuelta al principio. Pero no he abandonado. Ni ayer, ni hoy. Y es probable que jamás lo haga, pues no forma parte de mi juego dejar a un lado todo lo racionalmente alcanzable. Aunque a veces el hoyo me tiente.
Estoy aquí. Voy y vuelvo, pero me mantengo. Nunca me he ido.
A menudo otoño llega con fuerza, me arranca todas las hojas secas, me desnuda públicamente y me envuelve en lágrimas. Pero no nací para ser un sauce, tampoco un roble. Es probable que me identifique más con un junco, insignificante, aparentemente frágil, siempre meciéndose, pero constantemente en pie.
Esta vez no voy a revisar nada. No pretendo hallar ningún tipo de perfección en mi discurso. Estoy aquí, no me he ido, he vuelto y soy yo. Son mis palabras, es primavera, estoy floreciendo y ningún otoño va a arrebatarme mis pétalos hoy.
jueves, 1 de septiembre de 2016
2. Te quiero, nos quiero (libres).
Sé que soy libre así que, pudiendo elegir, me quedo contigo, con las yemas de tus dedos acariciando mi piel, con las tardes vacías que, en seguida, se llenan con tu presencia.
Cómo decirte que la forma que tienes de mirar la nada lo cambia todo, que entre tus brazos el presente se siente distinto y el pasado no tiene lugar, que contigo no existe el silencio, y me apartas del ruido.
Que es tan simple como que eres capaz de encontrar el orden en este caos, amainar mi tormenta, mi tormento.
Y, es que, si la unión hace la fuerza, quiero ser fuerte junto a ti. Quiero llenarte de toda la poesía que desbordo. Quiero decirte cuánto te quiero, y por eso hoy decido plasmarlo aquí.
Oda al recuerdo irrelevante.
sábado, 13 de agosto de 2016
Condena.
Esta hora de tormento que me espera al anochecer, y algunos cielos grises al alba, al parecer.
Esta presión en el pecho que me ahoga, y esta respiración entrecortada cuando el reloj no avanza, cuando las horas se hacen eternas, cuando el tiempo se demora.
Este halo terrible que me rodea, aunque se muestre cálido, tímido, edulcorado, esconde fracaso, derrota, pena.
Es el exilio de mis sentimientos, la huida de mis secretos, lo que me eleva, lo que me transporta, lo que me desordena.
No quiero ser lo que más he temido, no quiero reproducir los puñales que se clavaron en mis entrañas, no quiero repetir errores ajenos, no quiero ser de otros mi misma condena.
Tan solo espero cerrar todas las puertas y ventanas que me unen a todo aquello que no se pueda borrar del pasado. Pero sé que nunca volvemos a ser los mismos, y eso me frena, me envenena.
A veces me pregunto dónde estoy, qué hiciste conmigo, por qué nadie te para, nadie te calla, nadie te encierra,
como tú hiciste con mi inocencia, con mis ojos humildes, mis ingenuas ilusiones y el final de mi larga espera.
domingo, 29 de mayo de 2016
Quién sabe cuándo, dónde y a quién.
Y leen a Ernesto Sabato mis ojeras,mientras me observas, buscando a tientas tus ideas, fugaces, errantes, viajando por la ruta de la Plata como un nómada comerciante. Por la senda de mis cicatrices, tus recuerdos, cuando por separado aprendimos la falacia que supone el mito del amor romántico y al conocernos nos limitamos a curtirnos en el humilde arte de amar, con o sin la aprobación de Erich Frömm.
Why you only call me when you are high? 2.0
Me gustaría saber si eres consciente de que tu cama siempre huele a una mezcla entre mis medias y tu colonia. Si te has encaprichado y puedo ser la chica libre que te encauza y, al mismo tiempo, te hace perder el rumbo.
Good... Bye.
Observé sus ojos empañados al otro lado de la acera. De cuando en cuando, multitud de cuerpos se interponían entre nuestras miradas, ajenos al dolor, a la desesperanza que se extendía entre nosotros como una cuerda tensada. Infinidad de gotitas resbalaban desde su flequillo, para luego rodar por sus mejillas. Nunca le importó la lluvia. Nunca le importó nada en especial. Y sus ojos no parecían negarlo.
Musitó algo entre dientes, pero me hallaba demasiado lejos para oírlo, para comprenderlo, para alcanzarle. Entonces decidió marcharse de allí, y nadie supo o quiso detenerle.