sábado, 13 de agosto de 2016

Condena.

Mi condena es esta soledad, esta melancolía, esta máscara y facciones de persona fría.
Esta hora de tormento que me espera al anochecer, y algunos cielos grises al alba, al parecer.
Esta presión en el pecho que me ahoga, y esta respiración entrecortada cuando el reloj no avanza, cuando las horas se hacen eternas, cuando el tiempo se demora.
Este halo terrible que me rodea, aunque se muestre cálido, tímido, edulcorado, esconde fracaso, derrota, pena.
Es el exilio de mis sentimientos, la huida de mis secretos, lo que me eleva, lo que me transporta, lo que me desordena.
No quiero ser lo que más he temido, no quiero reproducir los puñales que se clavaron en mis entrañas, no quiero repetir errores ajenos, no quiero ser de otros mi misma condena.
Tan solo espero cerrar todas las puertas y ventanas que me unen a todo aquello que no se pueda borrar del pasado. Pero sé que nunca volvemos a ser los mismos, y eso me frena, me envenena.
A veces me pregunto dónde estoy, qué hiciste conmigo, por qué nadie te para, nadie te calla, nadie te encierra,
como tú hiciste con mi inocencia, con mis ojos humildes, mis ingenuas ilusiones y el final de mi larga espera.


Porque eres peor que todos mis otoños juntos, cada una de mis tormentas. Y no te mereces ni el más mínimo atisbo de primavera, pero eso nadie, nunca, lo tiene en cuenta.

domingo, 29 de mayo de 2016

Quién sabe cuándo, dónde y a quién.

Y leen a Ernesto Sabato mis ojeras,mientras me observas, buscando a tientas tus ideas, fugaces, errantes, viajando por la ruta de la Plata como un nómada comerciante. Por la senda de mis cicatrices, tus recuerdos, cuando por separado aprendimos la falacia que supone el mito del amor romántico y al conocernos nos limitamos a curtirnos en el humilde arte de amar, con o sin la aprobación de Erich Frömm.

Why you only call me when you are high? 2.0

Me gustaría saber si eres consciente de que tu cama siempre huele a una mezcla entre mis medias y tu colonia. Si te has encaprichado y puedo ser la chica libre que te encauza y, al mismo tiempo, te hace perder el rumbo.

Good... Bye.

Observé sus ojos empañados al otro lado de la acera. De cuando en cuando, multitud de cuerpos se interponían entre nuestras miradas, ajenos al dolor, a la desesperanza que se extendía entre nosotros como una cuerda tensada. Infinidad de gotitas resbalaban desde su flequillo, para luego rodar por sus mejillas. Nunca le importó la lluvia. Nunca le importó nada en especial. Y sus ojos no parecían negarlo.
Musitó algo entre dientes, pero me hallaba demasiado lejos para oírlo, para comprenderlo, para alcanzarle. Entonces decidió marcharse de allí, y nadie supo o quiso detenerle.

Libre.

La vida me supera, me desespera. Agota mi amor, tiñe de indiferencia mi odio.
He transformado en humo mi pasión y mi temor en desidia. He teñido de gris mi ilusión, marchitado esa luz que me guía.
Y, ganando, me enseñaron que no sabía perder, que temía arder en el fracaso. Y que las brasas que aún se hallan depositadas en algún lugar de mi mente aún podrían arder.
Tan sólo quiero hacerte comprender que no soy ninguna de esas máscaras, que me niego a comportarme como una insulsa máquina. Mira cómo amo, cómo sueño, cómo crezco, cómo me levanto, camino e incluso vuelo, sola. Y, entonces, sólo cuando comprendas eso, podrás acompañarme.

Cuando éramos, si es que fuimos.

Que, hasta que te prendo, eres frío como el invierno en Siberia. Y tan solo esperas, libre de inquietudes, a que mi vaguardia arrastre a todas tus neuronas para hacer la revolución contra los prejuicios, tu artificial ética, tus aprendidas emociones. Y nos deconstruimos para amarnos. Y construimos unos nuevos cimientos más sanos, ensamblando las piezas con una pizca de libertad y varios kilos de buenas intenciones.

1.

Eres la última calada al cigarrillo antes de que llegue el bus, el beso en el andén alguna tarde de verano, los últimos versos de Pablo Neruda, los textos más reivindicativos de Eduardo Galeano.
Anochece bajo mis pestañas y tan solo sueño con tus manos, frenéticas, sobre mi piel de madrugada.
Qué puedo decir de esta vorágine de recuerdos, de emociones, de palabras. Del vértigo de cada breve mirada.
Te quiero libre, te amo persiguiendo pequeñas ilusiones, emocionándote cerca, lejos, dondequiera que vayas. Y te sueño besándome a mi como abrazado a una guitarra.