Observé sus ojos empañados al otro lado de la acera. De cuando en cuando, multitud de cuerpos se interponían entre nuestras miradas, ajenos al dolor, a la desesperanza que se extendía entre nosotros como una cuerda tensada. Infinidad de gotitas resbalaban desde su flequillo, para luego rodar por sus mejillas. Nunca le importó la lluvia. Nunca le importó nada en especial. Y sus ojos no parecían negarlo.
Musitó algo entre dientes, pero me hallaba demasiado lejos para oírlo, para comprenderlo, para alcanzarle. Entonces decidió marcharse de allí, y nadie supo o quiso detenerle.
domingo, 29 de mayo de 2016
Good... Bye.
Libre.
La vida me supera, me desespera. Agota mi amor, tiñe de indiferencia mi odio.
He transformado en humo mi pasión y mi temor en desidia. He teñido de gris mi ilusión, marchitado esa luz que me guía.
Y, ganando, me enseñaron que no sabía perder, que temía arder en el fracaso. Y que las brasas que aún se hallan depositadas en algún lugar de mi mente aún podrían arder.
Tan sólo quiero hacerte comprender que no soy ninguna de esas máscaras, que me niego a comportarme como una insulsa máquina. Mira cómo amo, cómo sueño, cómo crezco, cómo me levanto, camino e incluso vuelo, sola. Y, entonces, sólo cuando comprendas eso, podrás acompañarme.
Cuando éramos, si es que fuimos.
Que, hasta que te prendo, eres frío como el invierno en Siberia. Y tan solo esperas, libre de inquietudes, a que mi vaguardia arrastre a todas tus neuronas para hacer la revolución contra los prejuicios, tu artificial ética, tus aprendidas emociones. Y nos deconstruimos para amarnos. Y construimos unos nuevos cimientos más sanos, ensamblando las piezas con una pizca de libertad y varios kilos de buenas intenciones.
1.
Eres la última calada al cigarrillo antes de que llegue el bus, el beso en el andén alguna tarde de verano, los últimos versos de Pablo Neruda, los textos más reivindicativos de Eduardo Galeano.
Anochece bajo mis pestañas y tan solo sueño con tus manos, frenéticas, sobre mi piel de madrugada.
Qué puedo decir de esta vorágine de recuerdos, de emociones, de palabras. Del vértigo de cada breve mirada.
Te quiero libre, te amo persiguiendo pequeñas ilusiones, emocionándote cerca, lejos, dondequiera que vayas. Y te sueño besándome a mi como abrazado a una guitarra.
jueves, 5 de mayo de 2016
Cuando llegue el alba.
Puedes decírmelo ahora. Porque mañana ya no estaré aquí. No importa cuál sea el veredicto. Cuando llegue el alba, ya no me tendrás junto a ti.
Probablemente habré errado en busca de otros brazos, de consuelo, de simpatía, evadiendo el rechazo.
Cuando se haga de día habré cambiado la pasión por ternura y haré mi patria de sus labios.
Así que apura el tiempo que nos queda, improvisa, no te preocupes por la estructura.
Porque cuando llegue el alba ya no estaré aquí. Ni permanecerán mis ojeras, mi mirada empañada, mi emborronado carmín.
Y puede que esta nómada encuentre su hogar en unas ideas, una risa, una piel. Y puede que le escriba unos versos a alguien que los sepa leer.
Así que confiésame ahora todo lo que te hubiese gustado entender.
martes, 22 de marzo de 2016
Cuerpos.
Solo soy un cuerpo desnudo postrado sobre tu cama, un cuerpo desnudo a finales de invierno que ya no tiene frío porque no está solo y porque está a punto de comenzar la primavera.
Pero lo triste es que tan sólo somos dos cuerpos. Dos cuerpos que se aman, que se cuidan, que se acarician, se rinden tanto al cariño como a la pasión, y se consumen en el fuego de cualquier tentación. Pero dos cuerpos, al fin y al cabo. Y es que a mi me gusta que, de vez en cuando, se rocen las mentes y los corazones.
Sí, eres un cuerpo. Un cuerpo que le pide al mío que se quede, que olvide a los demás, al tiempo y al odio. Que ame, que cuente, que sueñe, que se entregue a él.
Pero mi cuerpo no es independiente. Y no puede cumplir con tantas misiones si la cabeza no lo aprueba. Y este es el caso.
lunes, 14 de marzo de 2016
Autodestrucción 4.
Huelo a humo, a alcohol, a fracaso. A promesas olvidadas y sueños que quedaron por cumplir. Que se extraviaron, se marchitaron, declinaron todas mis proposiciones.
Huelo a tantas cosas que simbolizan derrota, y eso me aterra, me atormenta. El pasado me persigue; el futuro me tiende una soga. Y no sé olvidar. Y no sé cómo afrontar los designios del azar, de la suerte.
De cuando en cuando salgo a buscarte, esperanza. De bar en bar, de copa en copa. Me inyecto besos amargos en vena, me chuto algunos versos y caigo rendida y semi inconsciente en esta cama, para despertar herida de los pies al alma cada mañana. Y leo a Erich Fromm y planeo rendirme. Porque me he convertido en lo que más detestaba.
A veces me pregunto cómo escapar de la madrugada, de la luz que me ciega, que me recuerda que sigo viva, aunque no lo creas, aunque haya perdido el rumbo. Pues aún me quedan fuerzas, y unas piernas que no saben hacia dónde caminar pero odian quedarse quietas.
Creo que he olvidado el sentido, que alguien ha apagado el motor, que me ha robado el aliento. Que han decidido, machete en mano, cortar los hilos que me unen a mi yo pasado, a sus objetivos, a sus ansias y anhelos. Pero, repito, aún me quedan fuerzas. Y te estoy buscando, esperanza, aunque te resistas, aunque te escondas. Aunque a veces mienta y comente que estoy a tres cervezas de olvidarte, que puedo sola, que no necesito guía. Y es así. Pero sólo tú tienes las respuestas a mis preguntas, unas preguntas que yo misma he olvidado.